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Los detractores empezaron aplacando las ganas de pelear, pero poco a poco se fue imponiendo la coherencia y al final del segundo poema algunos espectadores aprovecharon las palabras wischt und wischt lava y lava para empezar a sisear descaradamente, momento en el que Schönberg golpeó.
Ariadna despierta en mí el deseo de chillar».
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De repente se sosegó, la desasió y volvió tranquilamente a la cama pidiendo el desayuno.
En un momento dado el músico se sirvió de su amigo Soma como parapeto y cuando todo se hubo calmado le instruyó muy seriamente sobre los múltiples perjuicios del agua, tanto para la ingesta como para la higiene.




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