Puertas de regalo


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Se sabía mover, me llenaba y llegaba hasta lo más profundo de mi intimidad y me fuí y volví a irme.




El día pasó entre coger y comer para reparar fuerzas.No había visto una pija así, tan grande, tan gorda, tan dura.Yo intentaba lamer el sexo de su madre aprovechando sus embestidas.Me di cuenta que el miembro de Clark no se bajaba, así que decidí hacerle una mamada.La tiene dura siempre, no se le baja, puede pasarse cogiendo horas y horas.Abrió una, había como una docena de botellas.Vi los ojos de tristeza de su madre.Seguro que está muy bueno.Si abandonar el beso con la otra mano tanteé dentro de la falda, subiendo por el muslo.Lo hacíamos todos multas df descuento los días, siempre igual, yo debajo, él encima, sin quitarnos los camisones.Y entonces me besó.
Yo le abracé y le dije que no era hijo mío, que era un regalo del cielo, que había llegado una noche en una cunita de metal.
La chimenea nos iluminaba, nunca le había visto desnudo ni él.





Cuando estaba muy muy caliente, un vuelo y a cogerme.

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